El amor no tiene etiquetas.

El amor no tiene género.

El amor no tiene raza.

El amor no tiene discapacidad.

El amor no tiene edad.

El amor no tiene religión.

Quiero compartir con vosotros este vídeo tan maravilloso que he encontrado por ahí.

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Cuando una pequeña ayuda lo cambia todo…

El amante guisante y las cuatro reglas de la atracción.

Mantener relaciones saludables nos hace felices. La ausencia de amistades significabas nos hace sentir infravalorados, indefensos, solitarios y tristes.  El amor, la atracción, sentirnos queridos, el apoyo de la pareja, son fenómenos universales, pero  tanto como el proceso de encontrar pareja, como el amor es definido y experimentado de diferentes maneras en todo el mundo. En oriente, donde las  culturas son colectivistas  muchas veces los matrimonios son de conveniencia. Por otro lado, en occidente,  las culturas individualistas dan mucha importancia al amor antes del matrimonio. A pesar de la libre elección, las tasas de divorcios sigue son muy elevadas.

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Pero, ¿qué causa la atracción? ¿Cómo elegimos a nuestros amigos, novios, maridos y mujeres?

La primera regla: Proximidad:

Las personas que por casualidad se cruzan en tu camino y a las que más ves, tienen más probabilidades de convertirse en tus amigos o parejas.

Al contrario de lo que se cree, yo no creo que los amigos sean las personas que más te gusten, simplemente creo que fueron las personas que llegaron por casualidad antes.

Muchas veces me he preguntado qué hubiese pasado si mis padres hubiesen elegido otra ciudad para vivir, otro colegio para estudiar, o si yo hubiese elegido ir a un concierto en vez de a clases de teatro. Lo más probable es que no hubiese conocido a los que ahora son mis amigos, pero quizá hubiese encontrado otros diferentes, no por ello peores.

Entonces,¿ qué pasa con nuestros vecinos? Porque son las personas más próximas a nosotros y a las que más probabilidades tenemos de encontrarnos.  Esto fue lo que Festinger y sus compañeros estudiaron (1950): la amistad entre vecinos.  Preguntaron a varios vecinos de un barrio quienes eran sus tres amigos más cercanos en el barrio. Un 65% de ellos coincido que Vivian en el mismo edificio. La distancia física y funcional (los aspectos de la arquitectura que nos hace coincidir con otras personas) hace que estemos expuestos a las mismas personas una y otra vez. La simple exposición repetida a una misma persona hace que esa persona nos guste más.



Regla número 2: Similitud

Nos rodearemos de gente que tenga gustos parecidos a los nuestros, que le guste la misma música o que  ve el mismo programa de televisión. Es verdad que está bien tener amigos diferentes, pero si todos ellos tuviesen gustos diferentes, nunca tendríamos con quien compartir lo que amamos, hablar de lo que nos gusta o disfrutar de lo que nos apetece. (O quizá acabásemos amando lo que ellos aman)

Los opuestos se atraen.

Contradiciendo el dicho popular, Carolin Showers (2005) afirma que para una aventura pasajera es bueno encontrar a alguien opuesto a nosotros, pero para mantener una relación seria, la diferencia entre los miembros la pareja puede complicarlo.

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Regla 3: Reciprocidad.

Saber que le gustamos a alguien hace que esa persona nos empiece a gustar un poco. A todos nos gusta sentirnos atraídos. Además, cuando creemos que le gustamos a alguien le tratamos de manera diferente, hasta que nos acaba gustando a nosotros también.

Última regla: La importancia del atractivo físico.

Nos empeñamos en hacernos creer que el atractivo no importa, que las personas que se fijan en eso son superficiales, y que nosotros nunca lo hacemos. Mentimos. Es muy difícil no juzgar un libro por su portada. También dicen que los hombres valoran el atractivo más que las mujeres. Esto tampoco es verdad. Cunado preguntamos a un hombre, sus actitudes muestran que sí, que se fijan más que las mujeres, pero el comportamiento real demuestra lo contrario: Hombres y mujeres valoran igual el atractivo.

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