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¿Cuántas veces nos ha sucedido que aun teniendo todas las capacidades para hacer algo bien, nos hemos puesto nerviosos y hemos terminado por hacerlo todo del revés? ¿A quién no le ha pasado  llevar semanas preparando un examen, una charla o cualquier otra actividad, tenerlo todo perfecto, pero en el último momento la ansiedad, inquietud, nervios, nos traicionan?

Ante una situación nueva o desconocido, algo que percibimos como incontrolable, siempre existe esa sensación de nervios, inquietud,…

¿saldrá todo bien? ¿Me harán muchas preguntas que no podré responder? ¿Serán muy duros conmigo? ¿Sabré hacerlo bien? ¿No pasará nada malo?

Que nos surjan este tipo de dudas frente a una situación nueva, o diferente, es normal. La diferencia entre las personas que superan exitosamente esas situaciones y las que no, es muy sencilla: saber ignorar estos pensamientos automáticos.

Esta sensación de nervios, ansiedad es como un monstruo que vive dentro de nosotros y se alimenta de adrenalina. Cuando nos encontramos ante un peligro (puede ser real o imaginado), nuestro cuerpo genera adrenalina. Esta es una reacción normal y adaptativa, hace millones de años esta adrenalina es la que nos ayudaría a huir y salir corriendo de los lobos. Esta adrenalina despierta al monstruo que teníamos dormido dentro de nosotros.  Entonces, nos damos cuenta de que tenemos el monstruo dentro (la ansiedad). Mientras el monstruo digiere la adrenalina puede vivir y se hará fuerte.

Cuando ya no hay más peligros y el cuerpo deja de generar adrenalina, el monstruo se queda dormido e hiberna, pues no tiene con que alimentarse. El problema es cuando es el propio monstruo el que nos da miedo. Entonces generamos adrenalina para luchar contra el monstruo e intentar expulsarlo de nosotros. Lo que sucede es que cuanto más intentamos luchar contra él, más adrenalina generamos, lo que hace que el monstruo se alimente más y se haga cada vez más potente. El monstruo nos dice que se va a comer nuestro cerebro, que va dañarnos el corazón, nos va a paralizar para siempre.

Pero, si aceptamos al monstruo en nuestro organismo, somos capaces de observarlo detenidamente y ver que ni nos va a paralizar, ni nos va a dañar el corazón ni nada. Si dejamos de darle importancia, de verlo como algo más, dejaremos de darle alimento y el monstruo morirá de inanición.

Se trata de intentar habituarnos a las situaciones nuevas, a dejar que las cosas pasen, a observar sin reaccionar, de esta manera, la sensación de nervios y de ansiedad desaparecerán por completo. Dejar que nuestros pensamientos automáticos no nos afecten, dejar de identificarnos con ellos. Porque tú no eres tus pensamientos. Dejar a nuestra voz interior hablar, pero sabiendo nosotros no somos ella, que ella no tiene capacidad para controlar nuestros movimientos.

Jamás entres en una discusión con el monstruo. No  trates de contestarle porqué haciéndole caso y prestándose atención, estás dándole de comer, haciéndolo más grande, y dejando que se quede más tiempo dentro de ti.

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